Entre
Mar Azul y Mar
de las Pampas,
este pequeño
y tranquilo
balneario delineó
su propio estilo
y comienza a
ponerse de moda.
Al
principio
la llamaban
Nichi —por
eso de ni
chicha ni
limonada—
a la "tierra
de nadie"
que se extendía
entre Mar
de las Pampas
y Mar Azul,
balnearios
en decidido
ascenso. Con
ese mote entre
despectivo
y cariñoso
figuraba hace
unos pocos
años
en los mapas
de loteos
la hoy codiciada
porción
de playa gesellina
que va de
la calle 27
a la 34. Ya
con definida
identidad
propia, recibe
el bucólico
y bastante
más
justo nombre
de Las Gaviotas.
Más
espacio, mucho
sol
Con
lotes más
grandes que
los de sus
balnearios
vecinos, la
zona se prestó
para el desarrollo
de complejos
de cabañas
y aparts que
tras el boom
de construcción
post corralito,
ya no encontraban
cabida en
el centro
del vertiginoso
Mar de las
Pampas. Es
por eso que
aquí
casi no hay
viviendas.
La gran mayoría
de casas y
cabañas
pertenecen
a complejos
que brindan
alojamiento
de calidad,
con servicios
de mucama
y ropa blanca.
La
mínima
extensión
de Las Gaviotas
—apenas
7 cuadras
de playa—,
en medio de
dos balnearios
ya consagrados,
no le quita
carácter
al "barrio",
que ostenta
entre otras
cosas su propio
centro comercial.
Las Gaviotas
no tiene bosque,
sino un monte
de acacias
y hay más
espacio entre
las construcciones.
Resultado:
más
sol (menos
sombra) y
más
espacio libre.
Otro valor
agregado del
lugar es que
algunos bares
y aparts —como
el sushi bar
Heiwa y el
restaurante
Palapa—
se levantan
directamente
sobre la playa,
con vista
al mar. Por
lo demás,
el sitio es
tan encantador
como Mar de
las Pampas
y Mar Azul,
con esa playa
extensísima
y bella.
Es
imposible
perderse en
Las Gaviotas:
el trazado
urbano es
una cuadrícula
en la que
las calles
paralelas
al mar tienen
nombres de
playas —como
Punta del
Este, Copacabana,
Viña
del Mar y
Mar del Plata—
y las que
las cortan,
están
numeradas.
Los límites
son la calle
27 o Almirante
Brown, donde
termina Mar
de las Pampas
y la 34 o
Av. San Martín,
frontera con
Mar Azul.
"Agreste
y poco desarrollado,
Las Gaviotas
conserva el
espíritu
original de
Mar de las
Pampas",
asegura Guadalupe
Henestrosa,
copropietaria
del complejo
racionalista
Pueblo, uno
de los primeros
de "Nichi",
ubicado en
29 y Copacabana.
Como
muchos otros
dueños
de complejos
en este balneario,
Guadalupe
es porteña.
En 2003 decidió
invertir,
con algunos
socios, el
dinero obtenido
por el premio
Clarín
de novela
que ganó
su libro "Las
Ingratas",
en la construcción
de un lugar
con onda cerca
del mar. "Hace
cuatro veranos
que abrimos
Pueblo y estamos
felices con
el emprendimiento",
confiesa la
escritora.
Más
allá
del descanso
en Las Gaviotas,
esperan excursiones
en camiones
o cuatriciclos
por las dunas
hasta el cercano
Faro Querandí,
cabalgatas
a la luz de
la luna y
paseos nocturnos
por las "más
agitadas"
localidades
vecinas. Guadalupe
lo resume
con una frase:
"Las
Gaviotas es
ideal para
vivir y, los
alrededores,
para pasear".
Por si el
sol, la playa,
el mar y el
confort no
completan
el veraneo
perfecto.